Saramago y una oportunidad más para enlazar la literatura con la filosofía...
"Texto de rara belleza, colmado de símbolos y de enigmas, destinado a una infancia que crece en un mundo quebrado por el individualismo, la desesperanza, la violencia y la falta de ideales. Saramago despliega su hábil mano de narrador y conforma la alegoría de un hipotético comienzo de Otro Mundo. El niño de la historia se convertirá en actor en la tarea de salvar un flor que muere por falta de agua y él será el destinado a salvarla. Como en el cuento de hadas, es un héroe que se aleja de su lugar, abandona su casa, su aldea y atraviesa paisajes desconocidos, en un principio nutridos de una impactante naturaleza viva y de improviso, el desierto. Como es un héroe, nada lo detiene, y cuando sube la ladera de la montaña empinada, verá la flor, muriendo. No hay vacilación en el personaje ni solicita ayuda, busca recursos por sí mismo para cumplir su misión.
La estructura de la narración se organiza a partir de recursos provenientes de la tradición popular: la llamada del héroe, el cumplimiento de la tarea y el regreso triunfal con el logro obtenido. Pero lo tradicional está atravesado por un imaginario fantástico, el enigma de lo fantástico. Los hechos se producen sin explicación alguna y la irracionalidad del acontecer narrativo en la peripecia del niño del cuento se sostiene sobre los hechos, la ruptura de las leyes naturales no necesita explicación sobrenatural ni la intervención de seres dotados de poderes especiales. La energía del niño y su afán por realizar el salvataje de la flor organizan su acción, de modo que la fuerza del texto está en el niño mismo, en su decisión interior de resolver el problema que se le plantea y la soledad ante el conflicto. "
Imaginaria. Revista quincenal de literatura infantil y juvenil
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