El primer recurso crítico de la filosofía es el cuestionamiento.
La pregunta en filosofía tiene una importancia fundamental: la pregunta es a la filosofía como la brújula a la navegación o el cincel a la escultura, pero también corno la maza a la demolición.
Hay un arte de preguntar y la filosofía se vale de un tipo especial de preguntas. Como los diálogos socráticos, la filosofía es un proceso que empieza por generar una pregunta y se desarrolla en un intento por responderla, que supone repreguntarla, reelaborarla y generar nuevas preguntas. Poner en cuestión, cuestionar, es un recurso cognitivo que el filósofo erige en instrumento metódico y sistemático.
B. Russell refiere esta relación de la filosofía con el preguntar de la siguiente manera:
La filosofía, si no puede contestar tantas preguntas como desearíamos, tiene al menos el poder de hacer preguntas que aumentan el interés del mundo, y muestra la extrañeza y el asombro que se esconden aun debajo de la superficie de las cosas más comunes de la vida diaria.
La filosofía debe ser estudiada, no en honor de obtener respuestas definitivas a sus preguntas, pofque es una regla que ninguna respuesta definitiva puede ser comprobada como verdadera, sino en honor de sus preguntas mismas [...] (Russell, B., [Los problemas de la filosofía] (1912)
La filosofía se vale, también, del diálogo como recurso. 
“Hacer de la filosofía una práctica dialógica es, por una parte, reconocer el carácter social y dialógico del pensamiento y de la persona; por la otra, servirse del diálogo para expresar una multiplicidad de puntos de vista que nutren el pensar filosófico, para manifestar el carácter problemático y cuestionador, para ofrecer posiciones que al confrontarse se alimentan mutuamente, para caracterizarse más como proceso que como producto, en fin, para mostrar, a través del habitual final abierto que presenta el diálogo, su carácter inacabado e inconcluso.
Los filósofos dialogan entre sí y con el mundo. Cuando la filosofía se vuelve diálogo abstracto y exclusivamente técnico se descompromete, se vuelve sorda y ciega frente a la realidad que le dio origen." (…) (Dewey, J., La necesidad de una recuperación de la filosofía"] (1917),
Pero también la filosofía supone poner en práctica una serie de habilidades de pensamiento. Comparte estas habilidades con otras disciplinas pero, a diferencia de ellas, no sólo aborda temáticas propias sino que también erige sus habilidades de pensamiento en objeto de su reflexión.
Entre las principales habilidades de pensamiento están:
- dar razones, y distinguir razones de pseudorazones o excusas,
- establecer conexiones y distinciones,
- clarificar conceptos, sentidos y significados,
- entender y aplicar relaciones de parte/todo y medio/fin,
- trazar analogías,
- formular, usar y remover criterios,
- entender y evaluar argumentos (reconocer falacias y contradicciones),
- identificar, justificar y cuestionar supuestos,
- anticipar, predecir y explorar consecuencias,
- encontrar ejemplos y contraejemplos,
- generar y evaluar estrategias de cambio y/o transformación,
- explorar alternativas,
- determinar pertinencias y relevancias,
- corregir el propio pensamiento,
- problematizar,
- ser sensible al contexto, etc.
1 comentarios:
creo que nos cuesta mucho pensar y hacerlo críticamente más, nos cuesta decir que pensamos distinto,comprometernos;porque se toma como algo personal cuando en realidad podríamos decir que son distintas posturas y para ello tenemos que fundamentar...y es más fácil no meterse y que las cosas sigan su curso o que desborden pero mi culpa no es!!No es facil es cuestión de empezar , de a poco
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